domingo, 4 de diciembre de 2016

"La izquierda socialdemócrata europea ha abandonado completamente la defensa de la clase obrera".Entrevista - Giovanna Campani


http://www.eldiario.es/andalucia/Entrevista-Giovanna-Campani_0_581292048.html

La profesora Giovanna Campani, de la Universidad de Florencia (Italia), ha participado en el XV Congreso de Educación Comparada 'Ciudadanía mundial y Educación para el Desarrollo.
"El problema de Europa es que la oposición al modelo neoliberal la hace la derecha", dice la profesora Campani, doctora en etnología y experta en migraciones, sociología, género y movimientos sociales
"La Unión Europea ha destruido completamente el concepto de clase"
"La izquierda ha cambiado los derechos formales por los derechos sociales y ha abandonado a los trabajadores"
Giovanna Campani
Giovanna Campani, en la sede de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla UPO
Giovanna Campani, de la Universidad de Florencia (Italia), ha participado en el XV Congreso de Educación Comparada 'Ciudadanía mundial y Educación para el Desarrollo. Una mirada internacional', organizado en Sevilla por la Universidad Pablo de Olavide. Doctora en etnología y experta en migraciones, sociología, género y movimientos sociales, atiende a  eldiario.es Andalucía tras participar en la mesa redonda 'Género y ciudadanía mundial en Europa e Iberoamérica'. La conversación lleva por otros derroteros de la actualidad.
¿Qué cuestiones han abordado en el encuentro?
Hemos hablado de las diferencias entre las políticas de género de arriba hacia abajo, que son las que está haciendo la Unión Europea, con todo un sistema muy formal de cuotas, participación cuantitativa en la política, bastante separada de los contenidos, y las que tienen relación con una ciudadanía que se construye a partir de los movimientos sociales, desde abajo. En este caso, América Latina tiene muchas experiencias, por ejemplo, el de las Madres de Plaza de Mayo de Argentina, que para muchos es casi un símbolo de la nación.
¿A qué se refiere con "sistema muy formal"?
Estamos en esa contradicción que ya Marx había planteado sobre hasta qué punto el formalismo jurídico representa una posibilidad verdadera de emancipación si no hay movimientos sociales que lo llenen de contenidos. En estos momentos, el mundo occidental está lleno de esos formalismos, de esos derechos formales, cívicos, identitarios, del matrimonio gay, etc. Todo eso es muy importante, claro, pero los derechos formales están vacíos de contenidos sociales.
¿Quiere decir que se avanza formalmente en la igualdad pero que esos avances no tienen reflejo real en la sociedad?
Para nada, al contrario, la sociedad se está dirigiendo hacia más y más desigualdades, que son más importantes cada año. Hay cada vez más personas excluidas. La que todavía se define como izquierda en relación a la defensa de los derechos sociales precisamente ha cambiado esos derechos formales, identitarios, cívicos, por los derechos sociales y están abandonando completamente los derechos de los trabajadores. Es el dictamen neoliberal.
¿A qué nivel ocurre esto que dice?
A nivel internacional, aunque América Latina es un caso bastante diferente. Después de toda la época del neoliberalismo de los años 90 y las reformas estructurales que la Unión Europea quiere imponer a los países del sur, hubo una ola de rechazo y muchas experiencias de Gobierno, que podríamos definir como progresistas, han estado atentas a los derechos sociales. El 'kirchnerismo' en Argentina duró 15 años, el partido de los trabajadores de Lula en Brasil, Morales en Bolivia o Correa en Ecuador. En Venezuela, Chavez parecía tener ideas interesantes contra las desigualdades aunque ahora lo están pasando mal.
¿Qué es lo que ha pasado en América Latina?
América Latina ha vivido durante 10-15 años una experiencia completamente diferente de Europa. El momento neoliberal puro Merkel-Sarkozy, la predominancia de Alemania, que destruye con los impuestos las clases medias-bajas, etc. América Latina tiene otro recorrido, aunque ahora se ha estancado algo esta experiencia. Hay una derecha neoliberal que quiere destruir los derechos de los trabajadores y una parte progresista, que aquí definen como populista, que en algún caso combina derechos identitarios o cívicos con derechos sociales. Las experiencias de Argentina, Brasil o Bolivia son interesantes, y han inspirado mucho a Podemos.
¿Y qué pasa mientras en Europa?
Al contrario, en Europa tenemos un desastre, una hegemonía neoliberal en el sentido de destruir los derechos del trabajo, reducir siempre el trabajo en la división de la riqueza nacional, presentar los derechos cívicos de igualdad de género y todo así, formalmente. Y todo ese consenso, junto a la tremenda austeridad, obliga a miles de jóvenes italianos, españoles o griegos a irse a Londres a trabajar como camareros.
¿Cómo cree que se podría compaginar los avances formales con la defensa de los derechos sociales?
No creo que haya incompatiblidad. Claro que se pueden combinar. Está el ejemplo de América Latina. La UE, formalmente, hace esas políticas tremendas de austeridad pero nunca dice que los trabajadores no tienen que tener derechos. En cambio, ha destruido completamente el concepto de clase. Es una cuestión de ideología. El problema muy grave en Europa, con la excepción feliz de España con Podemos y de Italia con el Movimiento 5 Estrellas, es que la oposición al modelo neoliberal la hace la derecha.
Mientras, parece que avanza la ultraderecha en algunos países europeos
Marine Le Pen y otros dicen que tenemos que volver a un control del Estado sobre la economía y, al mismo tiempo, hace un discurso totalmente xenófobo, nacionalista-étnico, y eso creo que es muy peligroso. Igual ha pasado en EEUU. El candidato demócrata Bernie Sanders combinaba los derechos del trabajo con los derechos sociales pero pusieron a Clinton, que era un desastre desde el punto de vista de los derechos sociales. Ni una palabra para los que sufren por la desindustrialización del país.
Y en esas, salió Trump...
Donald Trump recuperó el discurso de la defensa de los trabajadores combinándolo con racismo y sexismo, con valores conservadores, y ha salido elegido. Un trabajador que había perdido su empleo, que había votado a Obama con esperanza y que sigue en la misma situación después de ocho años...¿qué tenía que hacer? No puedo tolerar este discurso de una izquierda snob que no entiende los problemas de estas clases sociales y que las consideran deplorables.
Usted ha escrito un par de libros sobre el populismo, ¿qué le parece?
Es una forma política como cualquier otra, decía el argentino Ernesto Laclau, inspirador de Podemos, por cierto. Hay un sistema de democracia representativa y otro sistema de democracia que intenta todo el tiempo conectarse con la población. Y no es tan extraño: es el sistema suizo, un país donde se vota cada semana porque la antigua idea de la Edad Media de que todos tienen que participar en la cosa pública todavía existe. Jean-Claude Juncker no está conectado con ningún ciudadano de la UE. Es una visión tecnocrática. Hollande, que tiene una popularidad muy baja, dice que sabe lo que hacer porque es más inteligente. Son dos modelos diferentes.
¿Se trata de una lucha entonces entre tecnócratas y populistas?
Los partidos que están dominados en Europa por grupos de interés intentan imponer una idea de democracia que tiene que ser representativa y dirigida por élites tecnocráticas, y rechazan a todos los que piensan de una manera diferente, pero no hay nada de malo en el populismo progresista. El populismo de derechas tiene un aspecto muy peligroso porque plantea la idea de un pueblo étnicamente homogéneo.
¿Volvemos a hablar de Donald Trump?
Claro. No creo que siga por ahí pero para recuperar el voto de los blancos utilizó la carta racista y xenófoba. Igual Le Pen en Francia, Wilders en Holanda, Orban en Austria... En Europa están ganando ellos, precisamente porque la izquierda socialdemócrata europea ha abandonado completamente la defensa de la clase obrera nacional.
Sin salirnos de ese contexto europeo, usted ha coordinado diversos proyectos europeos sobre migración ¿Qué cree que puede pasar con los refugiados?
He trabajado sobre migraciones desde los años 70 y durante muchos años he defendido, antes de la crisis económica, las fronteras abiertas en un mundo que se ha globalizado con libre circulación de capital. Hay que hacer una distinción clara del caso de los sirios, de los irakíes, de los afganos, que vienen de una situación de guerra en parte provocada por los países occidentales, con EEUU aliado con los saudíes. No es un misterio que todos esos movimientos están financiados por los saudíes y los qataríes, que los franceses hacen negocio con ellos, con apoyo a grupos fundamentalistas, islamistas. Los que están en Alepo no es ISIS pero es Al Qaeda, hasta ahora enemigo, ahora son los amigos de los franceses.
Esta población tiene que ser protegida de una manera u otra. Que la mejor manera sea llevarlos a trabajar a las fábricas de Volswagen, yo no lo sé. En Turquía está claro que los maltratan. Es un problema internacional como para celebrar una conferencia al más alto nivel y ver cómo solucionarlo. Esperamos que EEUU y Rusia encuentren un acuerdo. Es una de la razones de que Trump, a pesar de ser un fascista, rascista y sexista, es mejor que Hillary Clinton por lo de Siria.
¿Y cómo puede abordar Europa la emigración africana, que tienen como primeras paradas Italia o España?
El caso de África es muy diferente. Hay algunas situaciones de guerra, otras de explotación por parte de las multinacionales o interés de éstas en que haya conflictos y guerras para que la población se vaya. Ellas compran la tierra y después pagan a los soldados para que los dejen tranquilos. Es una manera de sacar a la población de África. Creo que eso hay que denunciarlo. Tenemos que acoger a los africanos pero también tenemos que ver que en Europa no hay una buena posibilidad de inserción, porque no se puede sobrevivir vendiendo cositas por 20 euros diarios, juntándose en un apartamento cocinando juntos arroz y un poco de pollo. Eso no vale la pena. Hay que pensar, también en este caso, en un proyecto un poco más amplio.
Con este panorama, ¿qué se puede esperar de este mundo globalizado?
El futuro a medio plazo lo veo bastante mal. A pesar de todas las dificultades, América Latina tiene bastantes posibilidades, incluso con esta fase de alternancia, con Mauricio Makry en Argentina, por ejemplo. India, China, se están transformando progresivamente, aunque no sé hacia dónde van. Occidente está en una crisis muy fuerte. Era necesario equilibrarse. La descolonización es algo muy reciente. Los EEUU vienen dominando el mundo durante muchos años. Es difícil salir de esta posición de dominancia y aceptar que estamos en un mundo multipolar donde todos los seres humanos de cualquier país tienen que tener más o menos los mismos derechos. Este es el problema.
Toda esta crisis podría cambiar si muchos países occidentales estuvieran dispuestos a permitir que otros países se desarrollen. Este también es uno de los desequilibrios de la economía neoliberal, que quiere ser exportadora de la alta tecnología. Sería bueno producir entre todos una tecnología que pueda salvar el planeta de los desafíos ecológicos, aunque eso es una perspectiva muy a largo plazo.

Cubanos en España: "El legado de Fidel Castro no es el mejor, pero nos dio oportunidades"

http://www.eldiario.es/internacional/Cubanos-Espana-hablan-Fidel-Castro_0_585841561.html

La actriz Dayana Contreras cree que en España "la izquierda tiene una imagen utópica e idealizada de Cuba que no tiene que ver con la realidad del país"
Justo Salas dedicó 30 años "a la revolución cubana", pero asegura que "después de tanto sacrificio no me valió el asunto"
Antoinette explica que Fidel Castro "nos dio oportunidades, porque por ejemplo yo pude formarme bien"
La muerte de Fidel Castro, cuyo funeral se celebra este 4 de diciembre tras nueve días de luto en el país latinoamericano después de la muerte del líder de la revolución, provocó reacciones de todo tipo por todo el mundo.
España, cuya relación con Cuba a lo largo de la historia ha sido amplia, no ha sido una excepción por la amplia representación de su población en el país, como demuestran los más de 46.125 cubanos que residen en España,  según los datos del Instituto Nacional de Estadística. De hecho, hubo ciertos episodios de tensión entre partidarios y detractores de Fidel Castro tras su muerte a las puertas de la embajada cubana en Madrid.
Con la perspectiva que otorga cierto tiempo, hablamos con cuatro cubanos residentes en España sobre cómo piensan que avanzará la situación en su país de origen tras la muerte del hombre que dirigió Cuba durante 47 años.

Dayana Contreras

La actriz cubana Dayana Contreras, en una manifestación. | Foto cedida.
La actriz cubana Dayana Contreras, en una manifestación. | Foto cedida.
Esta actriz asentada en Madrid llegó en 2003 a España procedente Cuba, donde sintió una falta de "crecimiento personal", para dedicarse al teatro. Pese a que hace muchos años que vive lejos de su Cuba natal, Dayana cree que la sombra de Fidel Castro sigue siendo muy alargada: "Hay niños de diez o doce años que ya no le conocen, no tienen su presencia y crecieron con Raúl como presidente, pero Fidel sigue siendo un héroe para ellos". 
Para Contreras, Cuba todavía tiene mucho que avanzar pero lo hará lento, "hasta que por ejemplo se permita una mayor libertad de expresión, con otros partidos y otras voces. Económicamente se va a depender bastante de la inversión extranjera, que puede tener su parte positiva y una parte negativa, porque nos preocupa si se mantendrán algunos lugares o se destruirán".
Las reacciones dispares en el mundo de la política española a la muerte de Fidel Castro llamó la atención de  Contreras, que considera que "en la izquierda tienen una imagen utópica e idealizada que no tiene que ver con la realidad del país. Si lees las ideas y el discurso, es interesante. Pero hay que entrar y ver cómo está el país entero por esas ideas".
En el lado contrario, la actriz piensa que desde la derecha "se acusa constantemente de dictadura y de situaciones que aquí también ocurren. Es una imagen descontextualizada que  agranda mucho las cosas".

Justo Salas

El artista cubano Justo Salas. | Foto cedida.
El artista cubano Justo Salas. | Foto cedida.
Graduado en la escuela nacional de arte de La Habana, Justo Salas se dedica a sus 57 años a las artes escénicas. Precisamente llegó a España por un gira artística en el 2000, cuando ya se quedó definitivamente y siguió formando una familia. 
Salas recuerda su pasado en Cuba de "más de 30 años que dediqué enteros a la revolución cubana, estuve muy comprometido". Para él, su punto de inflexión fue cuando nació en los 90 su primer hijo: "La s cosas por las que yo luché empezaron a desvanecerse. Después de tanto sacrificio no me valió el asunto,  al final vi que no todos éramos lo mismo en este sistema. No me desentendí de la revolución, pero tomé un papel mucho más personal".
Cree que hace 20 años la muerte de Fidel Castro "hubiera sido muy dolorosa. No tengo nada que celebrar, debió pedir perdón a mucha gente, pero sí creo que hay que agradecerle algunas cosas". Explica que pese a nacer en un entorno rural, "llegué a hacer una carrera profesional gracias a la revolución. Fidel abrió puertas para dar posibilidades, estudié en una escuela de arte y gracias a eso tuve un futuro. Para mí esos logros son de la revolución".
No obstante, Salas critica que Fidel Castro "decidió por dónde ir sin consultarlo, aparentemente el pueblo estaba de acuerdo pero no era así. Las consecuencias de las crisis no las pagaron ellos después, sino nosotros. Ha habido errores internos en los que yo no tuve participación.
Para este artista, la clave del futuro de Cuba está en que "los que tengan nuevas ideas puedan tomar decisiones, ahí llegará el cambio. Pero mientras se sigan tomando en un círculo cerrado, va a ser difícil que los cambios que quiere la gente se noten".

Antoinette Torres

Antoinette Torres Soler, directora de la revista Afroféminas. | Foto de Ángel de Manuel
Antoinette Torres Soler, directora de la revista Afroféminas. | Foto de Ángel de Manuel
Residente en Zaragoza desde 2007, Antoinette Torres vivió en La Habana, donde estudió filosofía y trabajó en diferentes campos artísticos, hasta que se casó con un hombre español y vino a España, donde dirige la publicación Afroféminas. Allí creció bajo el mandato de Fidel Castro, lo que marcó su adolescencia, una percepción que a su modo de ver "ya no tienen los jóvenes de ahora, que no han escuchado en directo los largos discursos de Fidel". 
Torres relata que la revolución cubana siempre estaba presente. " Yo fui parte de las juventudes comunistas y mi familia era muy comunista. Concretamente del mundo de las mujeres negras porque me desarrollé en una familia matriarcal. Al final todo esto forma parte de tu recuerdo y claro, la muerte de Castro te duele un poco". 
Por un lado, la directora de Afroféminas critica que "el legado de Fidel no es el mejor, porque los barrios pobres siguen siendo habitados por negros". Pero también reconoce que "nos dio oportunidades, ya que por ejemplo yo pude formarme bien, aunque todo ha cambiado y el sistema de ahora no tiene que ver con el de antes. Muchas de las políticas transformadoras necesitan dinero, y creo que ese ha sido uno de los principales fallos".
Como Dayana Contreras, Antoinette Torres también cree que "hay españoles que tienen una imagen idílica de Cuba, porque en España hay una forma de entender las cosas sin término medio. Por ejemplo, la derecha lo que tiene que hacer es aplicarse lo que critica de Cuba. Si lo vas a criticar, no lo reproduzcas tú".

Disney González

El cantante cubano Disney González. | Foto cedida.
El cantante cubano Disney González. | Foto cedida.
Con solo 13 años llegó a España procedente de Cuba, pero pudo venir antes. “Mi padre era muy revolucionario y quería que estudiara allí sí o sí. A los trece años me dejó venir, justo a tiempo para no hacer el servicio militar”. Quince años después, González ya ha vivido más tiempo en España que en Cuba, pero ha seguido atento lo que ocurría en la isla. 
González se muestra escéptico ante un posible cambio en Cuba tras la muerte de Fidel Castro. “Por mucho que tengamos ganas de cambiar, si no hay un partido diferente o una persona que sea un líder, si eso no existe no hay una unión y no habrá un poder que pueda cambiar. Para empezar, tiene que haber partidos políticos que hagan oposición. Es algo que en meses no podemos cambiar, que llevará mucho tiempo.
De su época en La Habana, recuerda que él era “comunista y castrista, porque es lo que aprendí en la escuela. De verdad, me gustaba mucho escuchar a Fidel e ir a las marchas. También odiaba mucho a los Estados Unidos, sin saber muy bien por qué”.
La animadversión al país norteamericano todavía perdura (“no me gusta mucho pero no lo odio como antes") pero su opinión sobre el castrismo sí ha cambiado. Personalmente critica la falta de desarrollo del país en los últimos años: "Ver que tu madre ha visto los mismos dibujos animados que tú, que ha recibido la misma educación, es muy significativo. Son generaciones distintas que se han criado con la misma base, sin ningún avance, todo igual, con los mismos conceptos. El país ha evolucionado hacia atrás".

Jineth Bedoya.Violada y torturada por ser periodista en Colombia: "Tenemos que levantar la voz"


Jineth Bedoya, subdirectora del periódico colombiano El Tiempo, fue secuestrada, violada y torturada por un grupo paramilitar
Después de no hablar de ello durante casi diez años, decidió contarlo e impulsar la campaña 'No es hora de callar'
"Uno de los mayores retos de la implementación de la paz es entender que tienes que despojarte de tu dolor particular para empezar a pensar en colectivo"
Jineth Bedoya es periodista fue raptada, torturada y amenazada de muerte por denunciar los abusos e impunidad en Colombia. | Pablo Tosco/Oxfam Intermón
Jineth Bedoya es una reconocida periodista de Colombia y fue raptada, torturada y amenazada de muerte por denunciar los abusos e impunidad en Colombia. | Pablo Tosco/Oxfam Intermón
Aquella mañana Jineth Bedoya escogió una blusa rosada. La periodista colombiana optó por esa prenda para llevar un poco de color a un lugar donde no lo había, la cárcel donde tenía concertada una importante entrevista con un paramilitar. La primera vez que contó su caso en la televisión de Colombia, inició su relato recordando esa camisa, esos pantalones, esos zapatos que acabaron arrojados a la furgoneta donde fue secuestrada, violada y torturada física y psicológicamente. 
No olvida esa ropa porque durante mucho tiempo su cabeza no pudo evitar plantearse si habría sido la blusa, si habrían sido los pantalones, esos zapatos. En por qué fue a esa cárcel, en que ella se lo habría buscado. En que habría sido su culpa. "Ese es el primer patrón que acompaña a las violencias contra las mujeres: responsabilizarnos".
Durante años Jineth Bedoya, subdirectora de judiciales del diario colombiano El Tiempo, se responsabilizó a sí misma de un secuestro que la "mató en vida". De esas 19 horas en las que un grupo de paramilitares abusó de ella sexualmente, cuando trabajaba en el periódico El Espectador y había concertado una cita en la cárcel La Modelo de Bogotá. No llegó a entrar. Y calló durante diez años, calló por vergüenza, dolor y culpa. Por un conjunto de sensaciones entrelazadas que tanto tiempo le ha costado desenmarañar.
" Pasó mucho tiempo para entender que la culpa no era mía. Que la carga no tenía que caer sobre mis hombros, que tenía que caer sobre los hombros del victimario", admite. "Pero es muy, muy difícil darse cuenta. Te sigues revictimizando: me creí responsable, me enfrasqué en una relación supertormentosa, creyendo tener que agradecer que quisiesen estar conmigo después de haber sido violada",  asegura Bedoya en una visita a Madrid en el marco de la campaña '¡Basta!', de Oxfam Intermón, contra las violencias machistas.

El periodismo, su escudo contra el dolor

Un proceso en el que la revictimización venía acompañada de la búsqueda de un refugio donde aparentar la ausencia de dolor. Buscó un escudo tras el que esconderse y poder continuar. Su armadura se llamaba periodismo.
" Yo no me veía como una víctima y eso es lo que me impedía hablar. Todo ese dolor lo había amarrado en un cajón y yo había seguido siendo periodista. Yo era reportera y no era nada más", dice Bedoya remarcando sus últimas palabras: "Nada más".
Algo le hizo replantearse su silencio. "Después de que Oxfam me propusiese ser la voz de un informe sobre violencia sexual en Colombia y negarme, me di cuenta de que lo que estaba haciendo era escudarme en el periodismo para olvidarme de todo lo que pasó, pero eso no cambiaba que tuviese una vida muy afectada por el secuestro: profesionalmente brillante, pero personalmente destruida".

"No es hora de callar"

Decidió hablar bien alto. Primero lo hizo en un acto de Oxfam Intermón en Madrid y centró su labor de sensibilización a nivel internacional. Luego optó por hacerlo en su país, en Colombia, a través de uno de los programas de televisión con mayor audiencia. Para contar su historia con el objetivo de extender un mensaje: "No es hora de callar".
Cuando habla, aunque se refiera a su caso, nunca se limita a emplear la primera persona. Siempre acaba su discurso en plural. Porque lo que le empujó a dejar de callar no fue solo su silencio, sino el de miles de mujeres víctimas de violencia sexual cuyas historias tantas veces ha escrito en los centenares de informaciones sobre el conflicto colombiano. "Si yo no hablaba, con el altavoz que tenía, ninguna otra mujer iba a hablar".

Despojarse de la "propia tragedia"

La evolución interior experimentada por Bedoya, dejar de pensar únicamente en su dolor y empezar a exigir justicia para todas las víctimas, ejemplifica el proceso que, a su juicio, debe tener lugar en la sociedad colombiana para lograr una exitosa implementación de los acuerdos de paz.
"Ese es el mayor de los retos. Cuando tú tienes que entender que tienes que despojarte de tu dolor particular, de tu historia particular, para empezar a pensar en colectivo, como país", reflexiona la periodista. "Hay tanta polarización y tanto odio que solo se nos permite ver nuestras historias particulares. Es un proceso en el que indudablemente aflorará el dolor".
Jineth Bedoya. | Laura Martínez Valero / Oxfam Intermón
Jineth Bedoya. | Laura Martínez Valero / Oxfam Intermón
Bedoya formó parte de una de las delegaciones de víctimas que visitó la mesa de negociaciones de paz en La Habana. "Cuando tú vas en el camino y te vas encontrando historias de otras personas, te vas dando cuenta de que la respuesta no debe de ser ese individualismo, al final te vas dando cuenta de que va a haber un momento en el que todo estalle.  La sociedad colombiana tendrá que pensar qué país es capaz de reconstruir", señala.
Ella se despojó de su "tragedia personal" a pesar de que su caso, como el 98% de las denuncias de violencia sexual contra mujeres en Colombia, continúa impune. "En mi caso solo ha habido dos sentencias de cerca de 27 personas que podrían estar involucradas. Los autores intelectuales no han sido castigados y no creo que lo hagan, porque es gente muy poderosa", dice con una sonrisa de resignación. Hace unos meses volvió a ser amenazada de nuevo y a día de hoy siempre va acompañada de escoltas. 
"Esto te da la dimensión de cómo opera el sistema de justicia en Colombia. Si yo soy una mujer visible y no la he encontrado,  ¿qué mensaje lanza al resto de mujeres?", se pregunta. "La impunidad juega un papel fundamental para que la violencia contra las mujeres continúe".
¿Merece entonces la pena denunciar? "Cuando uno se decide a denunciar siempre piensa que va a alcanzar justicia y lo primero que se encuentra es que la misma justicia te pone el muro", reflexiona. "Haber denunciado ha sido muy difícil, doloroso, revictimizante, superdesgastante... y a veces una piensa que no ha servido de nada. Pero estaría peor si no lo hubiese hecho. Todo es más fácil cuando levantas la voz y puedes desahogarte, que cuando cargas en silencio una cruz tan grande como es haber sido violada, torturada o violentada", afirma la periodista.
"Si nosotras logramos reivindicar a una sola mujer, significará que ha valido la pena. Siempre será mejor levantar la voz". 

"Mi hermano fue un bebé robado y voy a seguir buscándole hasta que se haga justicia"

http://www.eldiario.es/sociedad/afectados-bebes-robados-victimas-invisibles_0_586541623.html

Flor Díaz Carrasco es parte de la querella argentina, la única causa que investiga los crímenes del franquismo, entre ellos, los casos de miles de bebés robados 
Cuando su madre falleció, a la que le habían dicho que su hijo murió poco después del parto, en el cementerio le dijeron a Flor que su hermano nunca había sido enterrado allí
"Somos víctimas de crímenes de Estado y es este el que debería buscar a nuestros familiares", asegura esta mujer de 54 años
Flor Díaz Carrasco / Foto: Amnistía Internacional
Flor Díaz Carrasco / Foto: Amnistía Internacional

Su voz al otro lado del teléfono suena tenaz y pausada. Cada palabra de Flor Díaz Carasco es un dardo que agrieta el muro de impunidad y silencio que sigue rodeando a los miles de casos de bebés robados en España. Ella se ha negado a olvidar a pesar de que esa es la única respuesta que le da el Estado. "Dicen que miremos para otro lado y así se cerrarán las heridas, pero no se pueden cerrar sin curar", sentencia.
Su voz busca verdad, justicia y reparación, pero lleva diez años en el primer escalón. Todavía la única evidencia siguen siendo las cifras globales –se calcula que entre 100.000 y 200.000 bebés fueron robados durante el franquismo y bien entrada la Transición– y los documentos que ha ido recopilando tras las trabas impuestas por las mismas instituciones que, según la ONU y la Comisión Europea, deben colaborar.
Aunque Flor sabe que su pelea es la de David contra Goliat porque la mayor parte de los procedimientos judiciales por estos casos en España se han archivado, continúa intentándolo. "Mi hermano fue un bebé robado y voy a seguir buscándole hasta que se haga justicia", dice. No se le olvida una fecha: el 5 de noviembre de 1967 su madre daba a luz a un niño en el Hospital Municipal de La Línea de la Concepción (Cádiz).
"Le dijeron que había nacido muerto, pero no le dejaron ver el supuesto cadáver a pesar de que insistió", relata Flor, que entonces tenía cinco años. "Mi abuela paterna afirmaba que no se iría de allí hasta que no se lo enseñaran y finalmente le mostraron el cadáver de un bebé con el que se hace una fotografía. Era mucho más grande que un recién nacido", cuenta. 

No está registrado en el cementerio

A pesar de que su madre, que siempre cambiaba de tema cuando le preguntaban, había extendido un manto de silencio sobre su parto y su hijo, cuando ella murió en 2006 las sospechas comenzaron a cristalizar. "Quisimos enterrar a mi madre con los huesos de mi hermano y en el cementerio nos dijeron que allí no constaba ningún enterramiento a su nombre", recuerda.
"Nosotros le dijimos al responsable que era imposible, pero nos aseguró que todo lo que entraba se registraba: 'entonces tu hermano nunca ha estado aquí', nos espetó". Fue entonces cuando ella y sus hermanos comenzaron a investigar y a recordar aquellas respuestas de su madre cuando le pedían ir al cementerio. "Nos decía que allí no había nada, como si ella supiera o intuyera algo", explica.
La búsqueda de la verdad pasó también por el Archivo municipal de La Línea de la Concepción, donde le facilitaron la hoja de ingreso y parto de su madre, a la que ha tenido acceso eldiario.es. A esa hoja se agarra Flor, que ahora vive en Irún (Gipuzkoa) para afirmar que la única certeza "es que mi hermano nació, pero no hay constancia de que muriera". 
Lo dice porque lo que no ha logrado encontrar es el legajo de abortos, un documento que acredita el fallecimiento de un bebé que vive menos de 24 horas fuera del vientre materno. Flor ha acudido sin éxito al Registro Civil de La Línea de la Concepción, donde le han asegurado que no ha podido ser localizado el legajo de 1967, año en que nació su hermano.

Dejar de ser invisible

Su historia ha viajado hasta Argentina y ha llegado a oídos de la jueza María Servini, que ha iniciado la única causa que investiga los crímenes franquistas, entre ellos los casos de bebés robados. A Flor se le cerraron las puertas judiciales en España y por ello se adhirió a esta querella y en 2013 declaró ante Servini por videollamada desde la embajada argentina en España.
"Fue lo más importante, que te escuchen, dejar de ser invisibles, porque aquí es como si no hubiera pasado nada", denuncia. La suya es una de las historias protagonistas de la campaña #Justiciapornavidad, que ha iniciado Amnistía Internacional para pedir al Gobierno que deje de poner trabas a la investigación de los crímenes cometidos durante la dictadura.
España regatea cada instrucción que llega desde Argentina, ha impedido la extradicción de algunos imputados e incluso la Fiscalía ha dado orden a las fiscalías provinciales de oponerse a declaraciones de cargos franquistas y víctimas que pide Servini. Una causa en la que está imputado el ginecólogo que atendió a la madre de Flor, según la hoja de parto del hospital: Abelardo García Balaguer.
"Nosotros somos víctimas de crímenes de Estado y por eso es éste el que debería buscar a nuestros familiares, no podemos ser las propias víctimas", critica la mujer, que insiste en que España "está negando justicia y derechos humanos". A Flor la esperanza se le escapa de la boca. Con voz firme y palabras que son dardos dice que va a seguir luchando.
"Y yo espero ver justicia", concluye. Sostiene que lo hará por su padre, que vive en La Línea de la Concepción. "Ya que con mi madre no pude hacer justicia, por lo menos hacerla con él y que le pidan perdón por lo que le han hecho".

Gran Bretaña bate récord de suicidios en prisión

http://ifpnews.com/es/news/society/social-harms/2016/12/gran-bretana-bate-record-en-suicidios-en-prision/

La Liga Howard para la Reforma Penal alcanzó un “récord” de suicidios en prisión en Inglaterra y Gales, con un total de 102 muertes bajo su custodio. Se trata de cifra más alta desde el primer registro de la institución en 1978.
La organización caritativa ha atribuido la culpa a la insuficiencia de dotación de personal y presupuestos, afirmando que dichas carencias producen “una mezcla tóxica de violencia, muerte y miseria humana”.
Desde entonces, el gobierno ha contratado a 2500 oficiales adicionales y medidas especiales para los reclusos mentalmente vulnerables.
Antes de dicho “número récord”, el récord más alto de la caridad fue un total de 94 suicidios en 2004, según un informe publicado por la agencia de noticias Fars.
Sin embargo, la población carcelaria general creció en aproximadamente 10% desde dicho registro, lo que coloca al conteo de 2004 en una cifra real más alta.
El recuento actual muestra una estimación de una muerte por cada 840 presos, informa Geopol Monitor.